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19 marzo 2009 4 19 /03 /marzo /2009 04:18

 

EL EFECTO PIGMALEON Y LA RELACIÓN  MAESTRO –ALUMNO

 

Material elaborado para el Taller “JUGANDO CON LA CIENCIA”

Facilitador : Ing Marcos Calderón Toledo

 

La idea de que lo esperado  por una persona puede influenciar  la conducta de otra tiene sus raíces en la mitología griega. Pigmaleón, príncipe de la mitología griega y romana, tenía por meta crear una estatua de la mujer ideal. Tuvo demasiado éxito  Pigmaleón se enamoró  de su creación  como si se tratara de una verdadera mujer, se fue en sí mismo  y en su amor le trajo a la diosa Venus,  Y el marfil se volvió  carne, según la mitología.

    La forma en que trato a los otros es la forma en que los otros responden.

La realización personal o efecto Pigmaleón es la noción de que la expectativa pueda ocasionar que realmente tenga lugar.

Si las expectativas son negativas dan como resultado un bajo nivel de ejecución, ¿será posible que las expectativas positivas se inviertan en este proceso?

   

La profecía de la realización  personal  involucra procesos económicos  y sociales definidos, no tiene nada que ver con  el poder del  pensamiento  positivo.

            La forma estándar de este experimento consiste en facilitar a cada nuevo profesor, antes de que comience el curso académico, un listado de todos sus futuros alumnos ordenado por CI decreciente (sin indicar el valor de el). Es decir, los jóvenes con el  igual o superior a 150 se encontrarán en los primeros puestos de la lista, y los que tengan de 85 en los últimos. Acto seguido, se informa al profesor que este listado no es particularmente importante y que se entrega sólo como algo curioso.

Al finalizar el curso, se compara los resultados académicos de los alumnos con las notas en otros campos como la conducta o la participación en las clases. La comparación resulta desalentadora: el 80% de los alumnos con elevado CI y con buenas notas tanto en las asignaturas académicas como en el comportamiento social salen desaprobados.           

           

Pero el listado entregado al profesor no reflejaba la realidad y ordenaba a los alumnos de forma inversa encabezando la lista de menor CI.

¿Cómo se explica entonces la extraordinaria correlación?

¿Obviamente, no podemos recurrir al CI! De hecho, la correlación se debió a las expectativas del profesor. Si el profesor transmitió a un alumno la seguridad de que lo haría bien, había un 80% más de probabilidades que lo hiciera realmente bien. De forma parecida, si el educador no transmitió confianza al alumno, había un 80 % de probabilidad de que fracase en cualquier prueba, independientemente de su CI

¿Cómo es posible que un alumno brillante termine en las últimas posiciones de la lista?

¿Fácil  de explicar! Imagina, por ejemplo, que eres un niño muy inteligente, pero que tu profesor por alguna razón (lista de CI en la mano o no) piensa todo lo contrario. Cuando intervienes en clase, ¿cómo serán recibidas tus aportaciones creativas? ¡Cómo si fueras un idiota! Y cuando honradamente consigues una muy buena nota en un examen, ¿qué pensará tu profesor? ¡Que has copiado!

 

Y sabiendo que tu profesor  piensa que eres un idiota y no hay manera de que cambie de opinión, ¿cómo reaccionarás? Obviamente tu reacción será negativa, conflictiva y destructiva. De forma inocente habrás caído en un espiral autodestructiva.

           

Si los educadores y los padres esperan sólo “errores”, “fallos” y “fracasos”, esto es exactamente lo que obtendrán. Si, por otro lado, confían  en  tu “éxito”, “compromiso” y “excelencia”, ni los decepcionarás.   El efecto Pigmaleón debe su nombre a la obra de teatro de Geoge Bernard Shaw, Pigmaleón, convertida en la película musical My Faird Lady, donde tiene lugar una verdadera “lucha entre cerebro”. La historia tiene como protagonistas el cerebro del culto profesor Higgins, que sabe cómo hablar inglés correctamente, y el cerebro de la inculta Eliza Doolittle, una verdadera callejera de los barrios bajos de Londres, que ni presume de grandes facultades lingüísticas.

 

            Higgins sabe que es culto; confía en poder enseñar a Eliza cómo hablar inglés correctamente; quiere hacerlo; y cree en la capacidad de aprendizaje de Eliza. Eliza quiere aprender; confía en sí misma; acepta que  Higgins sea su profesor; y cree que sea la persona idónea para enseñarle.

 

            Todas las demás personas se burlan de Higgins y de Eliza que, por otra parte, y a pesa de toda previsión, consiguen su objetivo. Alcanzan su meta porque poseen la Fórmula  Correcta, la enmarcada en el párrafo anterior.

            Como en el experimento didáctico, Higgins y Eliza, confiando el uno en el otro y no dejando espacio para el escepticismo, cumplen sus recíprocas expectativas. Te habrás dado cuenta, de forma intuitiva, que los experimentos del Efecto Pigmaleón y la metáfora de Shaw refleja correctamente la realidad.

 

Imagina que una niña entrega a sus padres su primer dibujo y que ellos reaccionan de la forma siguiente: “¿Qué es esta cosa tan horrible y ridícula? Nunca serás pintora. No me entregues más tus dibujos a partir de ahora. ¡Qué asco! “Prueba a pensar en la reacción de la niña: ¿Cómo actuará a partir de ahora? ¿Cuál será la expresión de su cara al oír los comentarios de sus padres? ¿Qué emociones sentirá? ¿Qué sentimientos expresarán sus ojos? Seguramente, la niña sentirá tristeza, desconcierto y susto, y sus ojos ahogados en lágrimas reflejarán decepción, desesperación y desesperanza.

 

Rebobina tu video mental interno, e imagina que esta vez los padres demuestren entusiasmo frente al primer dibujo de su hija; sus palabras podrían ser las siguientes: ¡Qué maravilla! ¡Pero qué maravilla! ¡Qué dibujo tan bonito! ¡Qué regalo tan bonito! ¿Sabes qué eres la niña más generosa y brillante que haya conocido? Ven a sentarse aquí a mi lado y explícame lo que significa cada elemento de este maravilloso dibujo y por qué elegiste unos colores en lugar de otros. ¡Eres una verdadera artista! ¿Cuándo me harás otro dibujo? “Y ahora verás a una niña radiante de felicidad, con los ojos llenos de gratitud, amor y esperanza.

 

El cerebro de tu alumno es un mecanismo especialmente diseñado para el Éxito. Se alimenta de éxitos y de tus expectativas de éxito. ¡Ten  cuidado con estas expectativas!

 

 

 

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Published by CARMEN MELLADO - en EDUCACION INICIAL
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